domingo, 26 de febrero de 2012

¿Por qué lo llaman amor cuando deberían decir...QUÍMICA?

Que nadie me acuse de transgresor del necesario romanticismo del enamoramiento, o, peor aún, de frío materialista científico por hablar en los términos que el título de la entrada sugiere.
A todos nos gusta, cuando lo sentimos, adornar de poesía e idealismo el sentimiento del amor, pero ello no quita para que seamos conscientes de la transcendencia de la química, mejor dicho de la bioquímica, que hay en la raíz de la cuestión. Porque a estas alturas a nadie debería extrañar lo apropiado de la acepción más literal de la "química del amor", debido al cóctel de hormonas y neurotransmisores, dos conceptos difíciles de distinguir para alguien como yo no bien iniciado en bioquímica, que interviene en esa tremenda sensación que desde el cerebro, y a través del sistema nervioso y endocrino, acaba por involucrar a todo el cuerpo en un sentimiento que domina a la razón y la voluntad.  Como sucede, por cierto, con todo los demás sentimientos y sensaciones  que  afectan a nuestras vidas, desde el miedo o las fobias, hasta la alegría.
Y es que desde las cuestiones que afectan directamente al deseo y la función sexual, en las que la hormona sexual masculina testosterona es factor principal, pasando por lo que es más propiamente considerado terreno de la sensación amorosa, del enamoramiento, momentos en los que la dopamina o su precursora feniletilamina, abundante  por cierto en el chocolate, así como la noradrenalina, son segregadas con generosidad; hasta acabar en lo que sería la tercera parte del ciclo del amor humano, aquella donde una vez perdida la pasión y la fase de enamoramiento queda el cariño y el apego hacia el otro, y en la que la hormona oxitocina influye poderosamente, como también lo hace con el sentimiento paternal y maternal en general.
En fin, que todo ese mundo de sensaciones placenteras y afectivas en las que antes o después nos gusta vernos involucrados, viene regido por los flujos de todo ese caudal interno de mensajeros químicos. Claro, otra cosa es que sepamos, queramos o podamos controlar a voluntad, o en base a qué estímulos, su emisión o dosificación, que va a ser que no; aunque en estos tiempos donde todo se comercializa es muy sencillo encontrar en internet webs que nos venderán a nuestro gusto, por ejemplo, la llamada comercialmente "hormona del amor"; es decir, la oxitocina.
Pero en realidad con esta entrada no quiero teorizar sobre el asunto, además que no me siento capaz. Más bien preferiría darle la vuelta al planteamiento demasiado serio que mi texto le da a la cuestión, y prefiero que sea este vídeo que inserto a continuación, el que lo explique de forma divertida y sencilla pero motivadora, pienso, y que trata, junto con otros más, sobre lo que la química hace y deshace por, para y en nosotros. Y que, como ya digo, forma parte de una serie que desde la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona animo a descubrir. Los tenéis disponibles todos ellos en esta serie o web, donde siguiendo al cachondo personaje  llamado Wolframio, nombre sugerente donde los haya para un químico (y si no recordad este otro ejemplo sinónimo cuya lectura también aconsejo), iremos viendo cómo de importante es la presencia de la Química en la vida cotidiana.

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